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CORONAVIRUS: MENSAJE PARA TODOS LOS JÓVENES Y MENOS JÓVENES SOLIDARIOS.

Sábado, 14 de marzo de 2020

Coronavirus: Mensaje para los jóvenes solidarios.
Yo con mascarilla en mi propia casa.


Buenos días a tod@s.

La de la foto soy yo, y llevo mascarilla en mi propia casa, porque convivo con dos personas mayores de las que además cuido. Y como soy la que sale y entra en casa, no solo yo estoy en riesgo, sino que les pongo en riesgo a ellos también.

Por tanto, no llevo la mascarilla porque esté infectada. No tengo síntomas, aunque como cualquiera podría ser un transmisor del famoso virus que nos ha metido en este nuevo tipo de guerra... (Lo llamo guerra por el desarrollo de los acontecimientos que estamos viviendo día a día).


Con este mensaje quiero dar las gracias a todos los "jóvenes" que habéis manifestado vuestra intención de ayudar a los colectivos vulnerables como por ejemplo es el de las personas mayores.

Agradezco mucho la intención y me parece una buena y hermosa iniciativa.


Sin embargo, quiero que comprendáis que la intención tiene que ir acompañada de sensatez coordinación y que con el desabastecimiento que hay de material (mascarillas, guantes, etc), quizá no existe la infraestructura solidaria que mantenga la prevención y evite que el virus se extienda de otra forma diferente, ahora que ya nos hemos tenido que responsabilizarnos todos de que la mejor manera de mantener a raya al coronavirus, es quedarse en casa el mayor tiempo posible.


Reafirmo lo anterior, explicando que el voluntariado exige tiempo y continuidad en el tiempo. Y esto, va a durar... un más que poco.


Asi que os animo a que cualquier cosa que hagáis al respecto, conlleve coherencia, sensatez, compromiso y coordinación.


Y no olvidéis que tenéis que protegeros vosotros, para proteger a otros. Así que tenéis que estar bien formados e informados sobre como ejercer vuestra ayuda.


RESPONSABILIDAD, por favor.


Y con esto me adentro en el tema de que las iniciativas se coordinen y registren de alguna forma, con el fin de evitar nuevos engaños a los colectivos más vulnerables.

Implico en lo anterior también a todas las Administraciones.

¡Muchísimas gracias a tod@s!

Yo voy a aprovechar que estoy desempleada, para quedarme en casa el mayor tiempo posible.


NOTA IMPORTANTE:
Las mascarillas hechas con papel de cocina o papel higiénico no sirven, porque como dice su calificativo son absorbentes.

Extiendo desde aquí mi agradecimiento a todo el personal sanitario, de limpieza y a todos los medios y trabajadores implicados en que salgamos de este "problema" que tanto cambia nuestra forma de relacionarnos, cuanto antes.

¡Muchísimas gracias a tod@s!

Concepción Sanz Rodríguez.

EL SER HUMANO Y EL ESTRÉS (El dinosaurio y el león)

VIERNES, 20 DE ENERO DE 2017
Boceto del “Dinosaurio Director”
realizado para el programa Brunelesky de Telecinco,
por Concepción Sanz (2005)




¿Dirían ustedes que los seres humanos hemos evolucionado?

… A veces, parece que más bien no. La verdad…


Si en algo no hemos evolucionado es en la configuración de nuestro primitivo mecanismo de respuesta ante situaciones de vida o muerte (tema sobre el que ya mencioné algo en mi anterior artículo Recumplo 20 años).


Y quizá, dicho mecanismo no ha evolucionado, porque funciona perfectamente ante aquello para lo que fue diseñado: situaciones de vida o muerte (tal cual y sin matices).



Siempre se utilizan dos ejemplos, para ilustrar esto:
-  Cómo actuaba el hombre primitivo ante un dinosaurio
-  Cómo actúa un león o leona tras una carrera, bien sea para atrapar a un animal que le libere del hambre, bien para escapar si alguien le persigue a él.


El hombre primitivo ante un dinosaurio -o cualquier situación de peligro, como por ejemplo, encontrarse con un león o leona- contemplaba simplemente dos opciones:
-  Salir corriendo, para salvar su vida
-  Atacar, para hacer acopio de carne con la que alimentarse, y para defender su terreno y/o a su familia o clan.


En ambas situaciones, el organismo se prepara inmediatamente y de modo inconsciente, para optar por una de las dos opciones, y tanto para lo uno como para lo otro, el corazón comienza a latir fuerte y a bombear más sangre hacia los brazos y las piernas. Lleva incluso la sangre que es necesaria para otras funciones del organismo a lugares que son fundamentales, para responder en el AQUÍ y en el AHORA: salir corriendo o atacar.


Ambas opciones son un mecanismo de defensa ante peligros reales de vida o muerte.

El  ser humano responde según la situación en la que se encuentre (llevo armas o no, cómo estoy de reflejos, hasta dónde puedo correr, me sirve de algo subirme a un árbol… dónde está el árbol más próximo, puedo subirme a él, estoy acompañado de niños, o tengo al lado guerreros y guerreras con lanza…  ¿¿¿¿????).

Todo esto no se pensaba. Se hacía un barrido inconsciente e intuitivo… y se actuaba.

… Del mismo modo, tras su comilona, el león se tumba bajo un árbol, se estira y se echa una buena siesta… liberando así la energía que le sobra tras la carrera y haciendo una buena digestión.


En la actualidad, nuestro mecanismo de respuesta-defensa continúa funcionando de la misma forma, pero nuestra forma de vida actual nos lleva a elegir una tercera opción: quedarnos paralizados por el miedo, el no saber qué hacer y en todo caso, anticiparnos o proyectarnos hacia lo que nos puede suceder más adelante (me temo que esto podría haber supuesto la extinción de la especie humana en aquellos otros tiempos…).

Salvo personas concretas y en casos muy especiales, aunque nos asalte un ladrón con una navaja, nuestra capacidad de respuesta no es la del hombre primitivo… por muchas razones -entre ellas nuestro estado físico, nuestra forma de vida y sociedad-, no puede serlo.


Al león lo hemos metido en un zoo y el dinosaurio se extinguió.

Sin embargo, los actuales peligros que nos sobrevienen son “entes” a los que hemos otorgado una dimensión gigante… de dinosaurio, de diplodocus: los gastos, llegar o no a fin de mes, perder el trabajo, pagar la hipoteca…

Actualmente, utilizamos nuestro primitivo mecanismo de respuesta-defensa de forma continuada y para todo, lo cual nos perjudica notablemente, pues todas estas situaciones no ponen en peligro nuestra vida. No nos va a fulminar la muerte en ese mismo momento.

Amontonamos situaciones de falta de tiempo, de agobio, de cesión de nuestro poder y responsabilidades a otros…  de inseguridades, de PREocupación = anticipación…

… y de PREocupación por un futuro que sólo llegará cuando le toque…


Tras cada situación -sobre todo si es complicada-, no hay concesión para la siesta del león.

Los “sin tregua” no tomamos conciencia de nuestra respiración, de la importancia del descanso, del gusto de estirar los brazos, bostezar o tumbarse un rato a la bartola… de dar patadas al suelo, para recolocar la energía… de parar la mente un rato, de tomar conciencia de que en muchas situaciones no se nos va la vida, ni sobreviene la muerte.

(Los “reinones” de la naturaleza, el ser humano, este ser que piensa que con todo puede, sólo puede recordar quién es y qué lugar ocupan en ella a golpe de fenómenos como inundaciones, temporales, aludes, terremotos, exceso de calor…).


Es así, como poco a poco, acumulamos energía que ya no necesitamos. Y nuestra mente, la gran censora, la que se cree lo que queremos creer sin distinguir entre lo que sucedió hace tiempo y lo que sucede ahora, nos ayuda gustosa en la generación y proyección de situaciones que llevan a la ansiedad y al ESTRÉS, el gran depredador de la salud (me voy a quedar en la calle… esto va a terminar con mi salud...).


Es por tanto, muy necesaria una labor preventiva que aligere nuestra mente de tanta PREocupación por acumular energía-pensamientos-emociones nocivos e innecesarios.

Aprender a gestionar nuestro tiempo, nuestras emociones y las situaciones que se nos presentan o que nos buscamos con responsabilidad y consciencia puede ayudarnos muchísimo.

Y en todo ello es importante aplicar una rutina. Una rutina de aprendizaje y de práctica. Una rutina tan importante como asearse o lavarse los dientes. Como hacer estiramientos para el deportista, como preparar la agenda, como lavar la ropa, como beber agua…

Una rutina que nos lleva a ser conscientes. A dejar de engañarnos con los espejismos diarios que nos bombardean con la máscara de la “gran aventura”, sea cual sea.

Concepción Sanz Rodríguez.

¿Han sufrido estrés alguna vez? ¿Qué situaciones les han llevado hasta él?

No duden en enviarme sus comentarios y en difundir este artículo si lo consideran de interés.


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